Reseña

Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural // María Sánchez

23 agosto, 2020
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Pero ¿quiénes son los que cuentan las historias de las mujeres? ¿Quién se preocupa de rescatar a nuestras abuelas y madres de ese mundo al que las confinaron, de esa habitación callada, en miniatura, reduciéndolas sólo a compañeras, esposas ejemplares y buenas madres? ¿Por qué hemos normalizado que ellas fueran apartadas de nuestra narrativa y no formaran parte de la historia? ¿Quién se ha apoderado de su espacio y su voz? ¿Quién escribe realmente sobre ellas? ¿Por qué no son ellas las que escriben sobre nuestro medio rural?

Cuando empecé a leer Tierra de mujeres, me di cuenta que era un libro escrito con muchísima delicadeza.  Se creó en mí una especie de sensación en la que casi tenía la certeza de que había sido un libro escrito lentamente, en esos días en los que la autora podía sacar hueco entre viaje y viaje, entre kilómetros y kilómetros. Que los había escrito además en noches tranquilas, en esa mesa que es para todo; que escribía recordando imágenes y conversaciones con su familia y con gente del mundo rural que conocía gracias a su trabajo, que además estaba creando un libro de momentos, de nostalgia, y que su intención, además de dar luz a esas mujeres invisibles, era practicar con el ejemplo: hacer que existieran las mujeres de su familia.

Esa sensación será muy probablemente invención mía, pero esa especie de tranquilidad que transmite el libro ha hecho que lo lea también lentamente. 

No sé si eso ha sido bueno para mi o no, pero tras cerrar el libro y pensar sobre él, sobre lo que ha quedado de él en mí, me doy cuenta que con lo que me quedo es con muchísimos fragmentos de éste, con muchos párrafos hermosos, con más de una anécdota hermosa... Pero no podría hablar en extensión del libro como conjunto. 

Queremos mujeres en todos los espacios.

Que sean ellas las que cuenten, formen y construyan. Que sean ellas las que puedan dar el paso adelante sin sentir miedo ni vergüenza.

Tal vez si. Tal vez podría marcar que se podría dividir el libro en dos partes. Una primera más reivindicativa, dónde la autora apuesta por dar a conocer a la mujer del mundo rural, una auténtica desconocida que no se ha valorado nunca, que no existe en libros, que no es referente, que solo trabaja y trabaja y trabaja, y que por supuesto nunca ha sido valorada. Y otra segunda parte donde María Sanchez habla de las mujeres de su familia: su tatarabuela, abuela y madre. Creo que esta parte me ha enganchado más. Es más tierna. Me ha encantado cuando habla de su mote, heredado de las mujeres de su familia, o cuando habla de su madre y reconoce, por fin, su enorme labor: el pilar de esa casa, la que ha cuidado de ella y de su hermano casi sola, la que con su trabajo ha conseguido que su marido pueda trabajar fuera de casa, fuera de España. 

Un ejercicio que hago ahora es comparar lo que hemos hecho mi madre y yo en nuestras vidas a diferentes edades. Mientras ella era una ama de casa en miniatura y trabajaba en el campo, mi hermano y yo íbamos al colegio sin ninguna preocupación, con una mesa llena de comida esperando nuestra vuelta. Mientras yo podía decidir qué estudiar, a qué dedicarme en un futuro, mi madre seguía de rodillas, cogiendo aceitunas entre el frío y la lluvia, sacando agua del pozo y llevándosela a su familia.

Buag, ¡pero qué ejercicio más maravilloso!. Cuántas de nosotras deberíamos hacerlo para querer, si cabe, más a nuestras madres. Todo lo que dice María en este párrafo, podría reescribirlo casi exactamente para mi madre y para mí. Es curioso, pero mientras que escribo, recuerdo que mi madre me ha dicho esta mañana «¿cómo voy a recoger este año la aceituna? ¿quién va a recogerla si no?». Y tiene 73 años. No está tan lejos esto que cuenta María, al menos entre mi generación. ¡Pero qué fuertes y poderosas son las mujeres! Y qué poco reconocidas están. Sobre todo nuestras madres que pasaron por tiempos muchos más difíciles que los que vivimos ahora; también esas mujeres rurales de las que habla María,  a las que sin duda deberíamos dar más voz; y por supuesto esas mujeres que viven en lugares en los que el tiempo ha parecido frenarse y aún siguen atascadas en esa invisibilidad.

Si este libro ha conseguido algo es que piense en mi madre. No sé por qué no he seguido ascendiendo entre las mujeres de mi familia. De mis abuelas tengo la percepción de que han sido mujeres fuertes, y con ello me quedo: estoy casi segura que aún habiendo pasado por momentos difíciles han salido victoriosas. Con mi madre sin embargo, necesito pensarla, aún sabiendo que es casi la mujer más fuerte del mundo.

Si Tierra de mujeres ha conseguido esto, sin lugar a dudas ha merecido la pena.

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2 Comments

  • Reply Nisamar 25 agosto, 2020 at 18:52

    Qué bonita reseña, la verdad es que es un libro que a mi también me marcó. Sentí como si estuviese leyendo el diario de una amiga, porque transmite esa intimidad y sensatez que te acercan al mundo rural. Gracias a este libro podemos conocer el laborioso trabajo en las zonas rurales, pero sobretodo el que han tenido las mujeres.
    ¡Enhorabuena por la reseña!

    • Reply Una bloguera eventual! 11 septiembre, 2020 at 16:55

      ¡Hola Nisamar!
      Intuyo que te gustó el libro cuando lo has incluido en una de tus cajas. Maravillosas, por cierto: ¡cómo te lo has currado!.
      Aunque no lo he comentado en la reseña, he de decir que «Tierra de mujeres» también me encantó por imaginarme a su autora, haciendo kilómetros y kilómetros sólo para ir a trabajar y conociendo a gente de esos pueblos, que casi siempre te regalan una maravillosa charla. Me recuerdan mucho a mi etapa fuera de casa, encuentro muchas similitudes.
      La España rural está totalmente infravalorada. Cuántos tesoros nos perdemos por no ser más presente en ella. A mi, sin dudas, me da la vida. Me encanta.
      Besazo enorme, y suerte en tu nueva aventura.

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