Reseña

La tía Tula // Miguel de Unamuno

19 abril, 2020

Por fin de vuelta después de un paréntesis de una semana. Tenía previsto hacerlo en mi planificación de publicaciones en el blog, por eso de ser Semana Santa, pero creo que no se ha podido ajustar mejor en el tiempo. Lo necesitaba: por no tener muchas ideas y por no tener demasiada motivación. A pesar del parón he de dar las GRACIAS porque este mes de abril, tal como va a día de hoy, estoy teniendo muchas visitas en el blog. No sé si será porque estoy publicando más o porque, como se dice en la tele, en esta cuarentena se está consumiendo mucho más internet. Sea lo que sea, repito,  MUCHAS GRACIAS.

Pero yo hoy he venido a hablar de La tía Tula, mi primer libro de Miguel de Unamuno. Al menos que yo recuerde. 

Ay Gertudris, por los más queridos llamada Tula, ay Tulilla, qué de dudas me has causado. 

Su tío, cura del pueblo, dice de ella:

¡Y luego, me mete un miedo esa Tulilla…! Delante de ella no me atrevo…, no me atrevo… ¡Tiene unas preguntas la mocita! Y cuando me mira tan seria, tan seria…, con esos ojazos tristes -los de mi hermana, los de mi madre. ¡Dios los tenga en su gloria!-. ¡Esos ojazos de luto que se le meten a uno en el corazón…! Muy serios, si, pero riéndose con el rabillo. Parecen decirme: «No diga usted más bobadas, tío!». ¡El demonio de la chiquilla! ¡Todavía me acuerdo el día en que se empeñó en ir, con su hermana, a oirme aquel sermoncete; el rato que pasé, Jesús Santo! ¡Todo se me volvía apartar mis ojos de ella por no cortarme; pero nada, ella tirando de los míos!.

La tía Tula // Miguel de Unamuno

Pues no he podido ver esos ojos de Tula, esos ojos tirando de los de su tío, pero los he sentido en casi cada página del libro. Se puede llamar mirada, se puede llamar poder de persuasión, pero «esa Tulilla» tiene fuerza… ¡y cuánta!

Vaya personaje contradictorio qué es  «La tía Tula». Creo que jamás me he encontrado a un personaje femenino que me provoque tantas dudas. ¿Puedo poner un ejemplo, spoiler? Ya en las primeras páginas del libro, Tula hace de Celestina entre su hermana Rosa y Ramiro, pero a la vez empiezas a leer entre líneas que es ella quién está enamorada de Ramiro y éste de ella. Unamuno no expone explícitamente ese amor entre futuros cuñados hasta bien avanzada la trama y empiezas a preguntarte ¿pero lo quiere, pero se quieren? ¿Por qué te lo preguntas? Porque Tula, con sus actos, con sus consejos a su hermana, por su persuasión dominante que dirige los hilos en ese matrimonio… no hace otra cosa que alejarse inevitablemente de ese amor. 

Gertudris, Tula, me parece un personaje poderosísimo. Unamuno crea un personaje muy inteligente, dominante y que puede conseguir todo y absolutamente todo lo que quiere. Fíjaros si puede lograr lo que se propone, que Tula quiere ser madre dejando intacta su pureza, pues Tula lo consigue. Tula será madre de sus cinco «sobrinos».

¿Cómo llega a conseguirlo? ¿En algún momento Tula se plantea lo que está sucediendo? ¿Lo que está provocando? Estas y muchas más han sido las preguntas que me he ido planteando durante la lectura. ¿Pensáis que he odiado al personaje? Para nada, Unamuno juega con nosotros y provoca muchas sensaciones distintas en cuanto a Tula. He sentido compasión por Tula, me he reído con Tula, me he indignado con Tula, me he sorprendido con Tula…

Tula, Tula, Tula…

Porque «La tía Tula»,  esta historia, no puede ser más que Tula. Personaje absoluto.

Y cuando los niños se hubieron acostado, volviéndose a su cuñado le dijo secamente:

– Esto no puede ser así. Si sigues sin reportarte tendré que marcharme de esta casa aunque Rosa no me lo perdone desde el cielo.

– Pero es que…

– Lo dicho; no quiero que ensucies así, ni con miradas, esta casa tan pura y donde mejor pueden criarse las almas de tus hijos. Acuérdate de Rosa.

– ¿Pero de que crees que somos los hombres?

– De carne y muy brutos.

– ¿Y tú, no te has mirado nunca?

– ¿Qué es eso? -y se le demudó el rostro sereno.

– Que aunque no fueses, como en realidad lo eres, su madre, ¿tienes derecho, Gertrudis, a perseguirme con tu presencia? ¿Es justo que me reproches y estés llenando la casa con tu persona, con el fuego de tus ojos, con el son de tu voz, con el imán de tu cuerpo lleno de alma, pero de un alma llena de cuerpo?

La tía Tula // Miguel de Unamuno

En resumen, me ha gustado mucho este primer acercamiento a la obra de Unamuno. La tía Tula es una obra que se lee muy rápida y que usa un lenguaje fácil para explicar la lucha interna que vive la protagonista entre sus creencias religiosas y el sexo. Que algo tan alejado entre sí, muchos más si cabe en la época en que desarrolla la historia, esté escrito de forma tan sencilla y común para el lector, me hace indudablemente fijarme más en Unamuno. Sin duda he de leerlo más. A él y a muchos más clásicos españoles.

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2 Comments

  • Reply Lidia 21 abril, 2020 at 8:55

    Para mí los clásicos son mis grandes pendientes. Todos. Me acuerdo de que la primera vez que empecé a leer Anna Karenina me sorprendió lo ágil que me resultaba su narrativa. Esperaba una lectura tediosa y compleja. Nada más lejos. Para mi vergüenza aún no lo he terminado, por su extensión. Pero lo que quiero decir es que ojalá no nos impusieran tanto respeto los clásicos, porque nos perdemos grandes historias por el camino.
    Me ha gustado mucho leerte, como siempre, este pequeño oasis en tiempos difíciles.
    Cuídate mucho y no tardes en volver.
    Beso enorme.

    • Reply Una bloguera eventual! 26 abril, 2020 at 18:48

      Hola Lidia.
      Yo creo que le tenemos tanto respeto porque en el instituto nos obligaron a leer algún que otro tostón. Yo cuenta era pequeña leía muchísimo más que ahora, pero los que me mandaban en el instituto, los leía deprisa y corriendo en el patio a la hora el recreo. Con el paso de los años me he encontrado con gente que me reconocía como «¿tu eras la que leía en las gradas?», y alucinaba cuando me lo decían. También me acordaba de esos libros leídos deprisa y corriendo.
      Eso es, creo que si los echamos a un lado perdemos muy buenas historias y creo que hay que ponerle remedio. Pero la lectura también entra por los ojos, así que es muy difícil proponérselo si realmente no te llama la atención. A mi, últimamente, hay muchos clásicos que me dicen «léeme» y estoy intentando oírlos.
      Un beso grande.

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