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Ítaca: filosofía de vida

5 febrero, 2018
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Hoy voy a hacer un batiburrillo de ideas con un tema de fondo: La poesía.

Y un protagonista: Ítaca, o el camino hacia ésta.

¿Preparados?

Lidia me animó en su día a que publicara en el blog parte de la poesía que venía conmigo desde pequeña. En mi cabeza hay versos grabados entonados por mi padre como si hablara ante un teatro lleno de público: “Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela…” {Canción del pirata de José de Espronceda} , o un libro viejo y antiguo de Rimas de Bécquer que mi padre encontró en una obra y al que mi hermana y yo tenemos un especial cariño: ¡cuántas veces nos ha acompañado!. También recuerdo las poesías que una de mis amigas y yo leíamos en la escalera de la puerta de mi casa mientras pensábamos en el chico que nos gustaba, una de ellas la escribió en un papel y me la regaló cuando me fui a estudiar a Jaén {qué cosas tan bonitas se hacían entonces}. Y era ni más ni menos que el poema XX de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”. Me la sé de pe a pa de tanto que la leí desde mi cama.

Pero todas ellas son altamente conocidas. No he descubierto nada.

Y es poesía que podríamos considerar como clásica.

A veces pienso que las amo más por la nostalgia de los tiempos en las que las aprendí. Ahora leo menos poesía y eso que se ha puesto bastante de moda en plataformas como IG. Pero no sé por qué, no consigo que me enganchen. Supongo que necesito pensarlas más.

Así que pocas son los poemas que últimamente me conquistan, aunque siempre hay alguna que otra incorporación.

La última se la debo a uno de mis compis de mi antiguo trabajo. Señor Ismael, hola desde aquí si casualmente me lees. Tuve la suerte de hacer con él más de una ruta {Subida desde Riaza, por ejemplo} y durante las caminatas, recitaba fragmentos de Ítaca.

Ítaca, de Constatino Cavafis. Otro clásico.

E Ítaca se convirtió para mí en un poema maravilloso, para leer palabra por palabra y convertirla en filosofía de vida.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Este poema si que es para escribirlo en un papel y enmarcarlo. Par saberlo de pe a pa y recitarlo como lo hacía mi compi.

He pensado y repensado cómo explicar para mí lo que significa este poema. He escrito más de un párrafo que finalmente he borrado. ¿Quién soy yo para explicaros Ítaca? Sois demasiado inteligentes para que yo venga a comentarla. Simplemente os la acerco, para que si alguien no la conoce, la incorpore a su filosofía de vida. Porque es auténtica. Porque es casi religión.

Pide que el camino sea largo… Ten siempre a Ítaca en tu mente… Mas no apresures nunca el viaje.

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Nota: El acompañamiento fotográfico corresponde a un trekking que hicimos de unas 4-5 horas en Islandia. Nos hizo muchísimo frío, viento y nos llovió tanto que cuando llegamos al coche tuvimos que cambiarnos. Pero mereció la pena. Si bien Ítaca, para mí, se refiere a toda una vida, esta cima fue para nosotros una pequeña Ítaca.

Nos vemos pronto.

 

 

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2 Comments

  • Reply Lidia Cielos de Papel 5 febrero, 2018 at 20:36

    Hola, M. Ángeles
    Hoy debería empezar diciendo: #señales. ¿Sabes que hace tres años publiqué en los fragmentos el poema de Cavafis?
    Desde luego que estoy de acuerdo: es una filosofía de vida y deberíamos tenerlo en algún lugar de cabecera, en un corcho de pared para poder acercarnos y leerlo cuando sea. Recordarnos lo afortunados que somos, no por llegar a Ítaca (que también) si no por todo lo que encontraremos y viviremos en ese camino.
    ¿Sabes lo único que he echado en falta? ¿Qué es para ti Ítaca? Me encantaría conocer tus ideas, por peregrinas que fueran. (Ya me imagino una entrada titulada Ítaca II 😉 )
    Y, para despedirme… ¡qué maravilla de acompañamiento fotográfico!. Qué acertado y qué evocador. El camino, la belleza, la naturaleza, la libertad… En todo eso he pensado.
    Gracias por una entrada tan inspiradora. A veces, necesitamos que nos recuerden lo que de verdad importa.

    Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.

    Un beso.
    PD: No tardes en volver con más, por favor.

    • Reply Una bloguera eventual! 12 febrero, 2018 at 20:06

      Como siempre, mil gracias Lidia por estar siempre aquí. De corazón.
      Como ya te dije por IG, Ítaca es tan compleja. Puede ser tantas cosas. Pero casi siempre pienso en dos cosas por encima de todas las demás. Ítaca como “la felicidad”: es tan importante conseguirla como el camino que llevamos a cabo para conseguirla. E Ítaca como “el final de cada uno de nosotros”: el destino no es importante, es más importante el camino, que en este caso sería la vida.
      ¿Super trascendental???? Si es que me pones el cebo, malvada.
      Señalesssss destinadas a encontrarnos.
      Un besazo.

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